Pirlo no era un santo. Aunque su imagen era la de un bon vivant , era un jugador extremadamente competitivo. Durante todo el partido, los jugadores del Benfica (especialmente Maxi Pereira y Luisão) le habían dado patadas sin balón. El árbitro Mejuto González había permitido un juego demasiado físico. Pirlo, cansado de ser el saco de boxeo del mediocampo, decidió tomar justicia por su mano.
Pirlo no era un santo. Aunque su imagen era la de un bon vivant , era un jugador extremadamente competitivo. Durante todo el partido, los jugadores del Benfica (especialmente Maxi Pereira y Luisão) le habían dado patadas sin balón. El árbitro Mejuto González había permitido un juego demasiado físico. Pirlo, cansado de ser el saco de boxeo del mediocampo, decidió tomar justicia por su mano.